
Horas, días, semanas, aprendiendo a olvidarte incluso a odiarte, descubriendo que es quererte y no rechazarte el estado natural en mi, tan natural como abrir los ojos por la mañana respirar cada cierto tiempo, comer, beber, soñar, tender a la luz en vez de a las sombras... Y tanto esfuerzo, tanto intentar orientar mis ramas que crecen ciegas por instinto hacia ti, tanto retorcerme y reinventarme se vuelve vano se desvanece en un instante cuando escucho tu voz amable cuando veo tu sonrisa cálida cuando rozas sin querer el dorso de mi mano.
Basta ese instante para volver a consumirme en las llamas de mi corazón enamorado.

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